| ¿Es la leche una necesidad básica en la alimentación humana? |
Muchos pacientes llegan a consulta y les extraña que dentro de las pautas que les proporciono para mejorar su salud sea retirar la leche de vaca, dado que habitualmente los profesionales de la salud recomendamos su ingesta para mejorar el calcio. ¿hasta que punto eso es cierto? Vamos a verlo.
La producción industrial de leche de vaca tuvo acceso desde un principio a un mercado potencial de enormes dimensiones constituido sobre todo por niños, ancianos, deportistas, adolescentes en pleno desarrollo y mujeres embarazadas o en lactancia; bastaba hacerles creer que necesitaban del aporte nutricional de la leche de vaca para tener un negocio redondo.
La industria de productos lácteos ha gozado de una amplia difusión y en múltiples ocasiones ha financiado campañas escolares para difundir la idea de que es “imprescindible y necesario” el consumo de leche, especialmente por parte de los niños. La campaña ha tenido un éxito completo: hoy, uno de cada siete dólares gastados en tiendas de Estados Unidos es dedicado a comprar productos lácteos.
Se ha demostrado en recientes investigaciones que el proceso de pasteurización de la leche ha cambiado la calidad del producto; por un lado, ésta al prolongar la vida de la leche, permitió masificar la producción, lo cual creó un monopolio y eliminó la competencia del pequeño productor; pero, por otro lado, el mismo proceso de pasteurización destruye las enzimas naturales, vitaminas y minerales que permiten la digestión de los azúcares y grasas de la leche.
Ante la magnitud de las consecuencias que el consumo de leche ha generado en la salud de la población, comienzan a escucharse las opiniones de eminentes médicos que denuncian los daños que se están provocando:
La producción industrial de leche de vaca tuvo acceso desde un principio a un mercado potencial de enormes dimensiones constituido sobre todo por niños, ancianos, deportistas, adolescentes en pleno desarrollo y mujeres embarazadas o en lactancia; bastaba hacerles creer que necesitaban del aporte nutricional de la leche de vaca para tener un negocio redondo.
La industria de productos lácteos ha gozado de una amplia difusión y en múltiples ocasiones ha financiado campañas escolares para difundir la idea de que es “imprescindible y necesario” el consumo de leche, especialmente por parte de los niños. La campaña ha tenido un éxito completo: hoy, uno de cada siete dólares gastados en tiendas de Estados Unidos es dedicado a comprar productos lácteos.
Se ha demostrado en recientes investigaciones que el proceso de pasteurización de la leche ha cambiado la calidad del producto; por un lado, ésta al prolongar la vida de la leche, permitió masificar la producción, lo cual creó un monopolio y eliminó la competencia del pequeño productor; pero, por otro lado, el mismo proceso de pasteurización destruye las enzimas naturales, vitaminas y minerales que permiten la digestión de los azúcares y grasas de la leche.
Ante la magnitud de las consecuencias que el consumo de leche ha generado en la salud de la población, comienzan a escucharse las opiniones de eminentes médicos que denuncian los daños que se están provocando:



