La utilidad del apéndice y de las amígdalas ha sido siempre un
tema controvertido. Ambos son órganos linfoides y, por tanto, componentes del
sistema inmunitario. En ocasiones, debido a
la recurrencia de la amigdalitis y de la apendicitis de origen infeccioso, se
aconseja su extirpación.
Hasta ahora los biólogos humanos creían que el apéndice era pequeño vestigio del desarrollo evolutivo de algún órgano presente en nuestros antepasados, que en su día fue necesario. En una palabra: inútil.
Hasta ahora los biólogos humanos creían que el apéndice era pequeño vestigio del desarrollo evolutivo de algún órgano presente en nuestros antepasados, que en su día fue necesario. En una palabra: inútil.
En una edición de diciembre de 2010 The
Journal of Theoretical Biology, un grupo de científicos cirujanos e
inmunólogos estadounidenses informaron que el
apéndice es en realidad un “lugar seguro” para las bacterias
saludables (las que hacen que sea correcta nuestra función del sistema
digestivo). Cuando el intestino está asolado por enfermedades como la
diarrea y la disentería, el apéndice va a trabajar en silencio para
repoblar el intestino con esas bacterias beneficiosas.
“En esencia”, dice William Parker, un
químico que co-escribió el documento, “tras la caída de nuestro sistema,
se reinicia en el apéndice.” La teoría podría explicar la localización
del apéndice: situado en el inicio del colon, a menudo escapa de ser
anulado cuando un colon enfermo se vacía violentamente.
En el
mundo actual la higiene y la medicina pueden - en un paciente intervenido de dichos puntos- mantener los niveles
adecuados de bacterias saludables. El apéndice puede haber evolucionado
su función de reiniciar de nuevo, cuando nuestros antepasados vivían
una vida más vulnerable, y todo un pueblo puedía sufrir una diarrea
catastrófica. En ese caso, cada intestino tenía que depender de sus
propios recursos para recuperarse después de un colapso, por lo que el
apéndice era crucial.
Un trabajo reciente publicado en European Heart Journal sugiere que extirpar
las amígdalas y el apéndice en personas jóvenes podría asociarse con un mayor
riesgo relativo de cardiopatía prematura. No obstante, debido a la juventud de
los participantes en el estudio, las diferencias de riesgo absolutas fueron
pequeñas
El trabajo muestra que la extirpación quirúrgica de las
amígdalas (amigdalectomía) y del apéndice (apendicectomía ) antes de los 20
años de edad se asociaba con un mayor riesgo relativo de cardiopatía prematura.
La amigdalectomía elevaba el riesgo en un 44%, mientras que la apendicectomía en
un 33%. Sin embargo, no se encontró una asociación evidente cuando las
operaciones se realizaron en mayores de 20 años.
Según Imre Janszky del Departamento de Ciencias de la Salud
Pública del Instituto Karolinska, en Estocolmo (Suecia) y uno de los autores del
trabajo presentado en Junio de este año , "teniendo en cuenta
las abundantes pruebas biológicas y epidemiológicas que vinculan la inflamación
con la cardiopatía coronaria, cabría pensar que la extirpación quirúrgica de
las amígdalas y del apéndice, con sus efectos sobre el sistema inmunitario,
debería tener también un efecto a largo plazo sobre la cardiopatía coronaria.
Sin embargo, no conocemos ningún estudio que evalúe los efectos potenciales de
la apendicectomía o amigdalectomía sobre la ateroesclerosis o el riesgo de
cardiopatía coronaria".
En es estudio se han examinado los registros de salud
pública de todos los residentes suecos nacidos entre 1955 y 1970, y se han
identificado a todos aquellos que requirieron una extirpación de las amígdalas,
del apéndice, o de ambos. Cada uno de estos "casos" se cotejó con cinco
"controles" que no habían sido operados, elegidos aleatoriamente. A partir de
aquí se realizó un seguimiento de estos individuos durante una media de 23,5
años, para comparar la incidencia de ataques al corazón mortales o no (infarto
agudo de miocardio o IAM). Debido a que el apéndice y las amígdalas parecen
tener un funcionamiento menos activo tras la adolescencia, los análisis
primarios se restringieron a individuos menores de 20 años en el momento de la
operación, lo que se comparó con 54.449 apendicectomías y 27.284
amigdalectomías.
Los resultados mostraron que en estos casos hubo una mayor
prevalencia de infarto agudo que en el de los controles. Concretamente, 89 de
las apendicectomías y 47 de las amigdalectomías sufrieron un IAM durante el
periodo de seguimiento. No obstante, Janszky matiza que los números absolutos
de casos de IAM del estudio son pequeños, con solamente algo más de 400 y 200
casos de IAM en más de 7,5 millones y cerca de 4 millones de personas-años de
seguimiento. "Como se esperaba dada la juventud de la población, los aumentos
moderados del riesgo relativo que se han observado, correspondieron en realidad
con aumentos del riesgo muy pequeños en términos absolutos".
Los
investigadores incidieron también en que la población objeto de estudio, a
pesar de su tamaño, se restringió al espectro infantil, de modo que los
participantes eran todavía relativamente jóvenes al final del seguimiento. "Por
lo tanto", escriben, "no podemos extrapolar directamente nuestros hallazgos a
los casos de IAM en hombres o mujeres mayores, en los que el riesgo es mayor".
¿Son órganos secundarios? A la hora de explicar los resultados, los autores involucran
también el efecto "complejo" a largo plazo del sistema inmunitario, destacando
que el apéndice y las amígdalas son órganos linfoides secundarios cuya
extirpación puede afectar a varios aspectos de la actividad inmunitaria,
incluida la disminución en la producción de inmunoglobulinas. También hacen
notar que la ateroesclerosis, la fisiopatología subyacente del IAM, se
considera de forma generalizada un proceso inflamatorio.
"A la luz de nuestro conocimiento actual sobre la compleja
relación entre la ateroesclerosis y el sistema inmunitario, los hallazgos son
plausibles desde el punto de vista biológico", manifestó el Dr. Janszky. "Ya
existen pruebas de que la extirpación del bazo, otro órgano linfoide secundario,
se asocia también con una aceleración de la ateroesclerosis y un incremento del
riesgo cardiovascular".


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